Entrevistas
Un joven tras el Patrimonio Mágico de Chile
Facultad de Filosofía y Humanidades

Anda detrás de las huellas de los magos que actuaron en Sewell entre 1915 a 1971. Una tarea difícil, pero no imposible para un ilusionista que descubre cosas ocultas. Es Rodolfo Chaparro Bernal, estudiante de quinto año de pedagogía en historia, premiado por el Concurso de Investigadores Jóvenes de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Alberto Hurtado.

Noviembre, 2017

En el circuito de la magia es conocido como Mago Magginni. Pero en la UAH es Rodolfo Chaparro, estudiante de quinto año de historia cuya pasión por el arte de la magia lo movió a buscar fondos para investigar la historia de la magia en Chile, empezando por saber quiénes actuaron en el campamento minero Sewell entre los años 1915 a 1971.

Su proyecto "Ilusionando a la Ciudad de la Escalera: un recorrido histórico sobre los espectáculos de magia en Sewell", es, como dice él, “la punta del iceberg”,  la primera parte de un mega registro patrimonial que quiere armar de nuestro territorio.

Según explica, hacer historia sobre los artistas del misterio se transforma en un trabajo titánico, sin embargo, la piedra de inicio es  Sewell porque es un área que tuvo grandes adelantos de infraestructura y arquitectura durante la primera mitad del siglo XX, además de amplios espacios de recreación y de esparcimientos para sus habitantes.

Este proyecto que durará hasta diciembre pretende aportar a desentrañar los magos que se presentaron en esa localidad a través de la recopilación de datos en base a archivos de prensa y testimonios. “Se eligió este periodo porque los archivos de prensa que se conservan comienzan desde 1915 hasta 1971, con la denominada Operación Valle, que consistió en un desalojo sistemático de la ciudad hacia los sectores de Rancagua producto del proceso de nacionalización del cobre”, dice.   

El énfasis en los archivos apunta a ser la principal evidencia tangible que puede otorgar información sobre la existencia de ilusionistas en la ciudad y constatar la realización de espectáculos de magia, los lugares dónde se realizaban, el costo de los espectáculos, la inspiración del artista para el montaje, el tipo de público al cual iba destinado, entre otros. Junto a esto, la realización de entrevistas permitirá rescatar las memorias de sus habitantes con respecto a los espectáculos culturales. Es importante saber los lugares de entretención que tenían los trabajadores, los horarios y el nivel también de las presentaciones.

-¿Por qué es importante para ti armar un registro de este tipo?-

- Mi interés por la magia empieza cuando cursaba kindergarten y vi a un mago y supe que frente a mis ojos había un ilusionista. De ahí no paré, a los 16 estudié magia y he trabajado más de cinco años frente a variados públicos y ocasiones. Tomar la bandera de este patrimonio es importante y necesario porque no existe en Chile y es empezar a ganar terreno en lo que es la magia, que si bien sigue conductas del circo y del teatro tiene su propia línea y su identidad propia.

-¿Qué es lo fascinante de la magia más allá de lo misterioso?-

-Ir a un espectáculo de magia al revés del teatro no es ideología, sino que permite ilusionar, soñar y asombrarse. Hace cuatro años estuve participando en un voluntariado que se llama Magia con una sonrisa y pude hacer feliz a las personas, eso es muy reconfortante.  

Este proyecto que fue premiado por el concurso de jóvenes investigadores de la Universidad Alberto Hurtado, recibió 500 mil pesos de financiamiento y tiene plazo para entregar resultados. Pero este apoyo es sólo el comienzo porque la idea es seguir buscando fondos para armar, a largo plazo, la gran historia de los magos de Arica a Punta Arenas.

-¿Qué te dijeron los académicos cuando decidieron apoyar tu investigación?

-Me dijeron que era buscar una aguja en un pajar, que es difícil, titánico porque no hay información. Pero hasta el momento he identificado que desde 1917 a 1963 existe un total de doce magos. Sé que es un proyecto súper ambicioso, de mucho trabajo, tiempo y es difícil, pero aprender a hacer trucos también lo es, concluye.

Por Rodolfo Chaparro Bernal