Investigaciones
La academia no está promoviendo la igualdad de género
Facultad Economía y Negocios

El capitalismo ha empujado una forma de organización que busca la utilidad por sobre todo, privilegiando identidades de género que pueden producir más. Esto acarrea problemas como la disparidad de sueldo y otras discriminaciones de género. En tiempos donde la universidad se ha incorporado al modelo de mercado, la academia no es una excepción.

Septiembre, 2014

La Organización Internacional del Trabajo considera que la igualdad entre los sexos y la incorporación de las consideraciones de género en el trabajo es un elemento clave para generar igualdad y crecimiento. Sin embargo, en Chile y en el mundo aún existe disparidad de sueldos y oportunidades, discriminación a homosexuales y otras identidades de género y definiciones de roles laborales que privilegian a quienes puedan dedicarse cien por ciento al trabajo.

Con esto en mente, un grupo de expertos organizacionales se preguntan cómo se está organizando la academia en torno al género, y no solo a las mujeres, en tiempos en que las universidades están insertas en un modelo de mercado.

“Planteamos que la academia es una organización generizada y generizante, una organización que en su quehacer tiene un sesgo de género, que privilegia la participación de ciertos actores desde el punto de vista del género y al mismo tiempo va reproduciendo esas relaciones de género”, aclara Mandiola, académica de la facultad de Economía y Negocio de la Universidad Alberto Hurtado experta en educación en negocio y liderazgo.

Mandiola, que realiza la investigación “Género, relaciones laborales y organizaciones académicas. Prácticas y discursos en las universidades chilenas”, explica que es importante hacerse esta pregunta respecto de la academia porque es un espacio donde se dicta cátedra y se construye parte importante del conocimiento.

“Si quienes hacen las preguntas, desarrollan las investigaciones y escriben los libros son siempre los mismos, en este caso un grupo mayoritariamente masculino, el conocimiento tiene un sesgo desde su concepción”, explica.

Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el 2010, alrededor del 14 por ciento de los cargos directivos en las universidades chilenas estaban ocupados por mujeres. Algo similar ocurre en todo el resto del mundo.

“Chile ha tenido algunas rectoras que coinciden con ser las dueñas, pero no hay rectoras por mérito. Hay pocas decanas y vicerectoras. La mujer está más destinada a la enseñanza, que es como un rol que la sociedad atribuye a lo femenino”, dice Mandiola.

Para cambiar esta realidad, Mandiola explica que hay que cambiar los requisitos del rol de un académico, que hoy están definidos de modo capitalista privilegiando a quienes pueden dedicarse cien por ciento al trabajo y hacerlos más democráticos.

“Priorizamos la competencia por sobre la colaboración, el individualismo por sobre los espacios asociativos, y pensamos que esa es la única manera de hacer las cosas. Pero ese es solo un modo de hacer las cosas y el desafío hoy es encontrar nuevas formas de organización que atiendan a las necesidades que hoy están emergiendo”, explica.

Y eso requiere, concluye, integrar distintas voces e identidades de género en la toma de decisiones, tanto en la academia con en otras organizaciones.

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Marcela Mandiola
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