Pensadores
El desafío es diseñar una ciudad que integre a las personas
Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Trabajo Social

Las infraestructuras urbanas que no consideran a la población, aumentan la desigualdad y perjudican los territorios. Paulette Landon investiga el efecto de las autopistas en la movilidad diaria de las personas en la ciudad.

Agosto, 2014

La movilidad cotidiana, entendida como la manera en que las personas se mueven en un día cualquiera en la ciudad, es un tema de gran importancia social porque está ligada al acceso de ciertas oportunidades. Por ejemplo, que un niño pueda llegar a la escuela todos los días.

Es por eso que el diseño de una ciudad debe pensarse desde distintas disciplinas para que beneficie a todos los ciudadanos. Así lo propone Paulette Landon, doctora en arquitectura y urbanismo y directora de Trabajo Social en la Universidad Alberto Hurtado, que ha dedicado su tesis doctoral a la movilidad social y al papel que la infraestructura de una ciudad juega en ella.

“Actualmente lo que pasa es que la gente que diseña la ciudad no conoce los territorios ni la características de quienes habitan los barrios. Hay pasarelas en lugares donde no hay casas, por ejemplo, o donde nadie las usa porque es muy peligroso. Los trabajadores sociales, que trabajamos en la calle y con la gente, podemos resolver esos asuntos”, explica Landon.

Durante los últimos años, Landon ha investigado el efecto que tienen las autopistas en los barrios aledaños. Según ella, éstas crean dos mundos, el del usuario que se beneficia de la infraestructura y el de la población aledaña que muchas veces queda interrumpida o aislada por ella.

“La autopistas no benefician en nada al ciudadano de a pie y generalmente se construyen en poblaciones donde el 92% de los habitantes son usuarios del sistema público”, dice Landon. “Es una infraestructura que refleja la desigualdad de la urbe y que más que integrar a las personas, las excluye aún más”.

La experta cree que existe muy poca investigación sobre movilidad cotidiana en Chile y que eso afecta principalmente a los más pobres. La intermodalidad, explica por ejemplo, está pensada para personas jóvenes y sanas. El Transantiago, dice, muchas veces no considera cómo se organizan los ciudadanos, su calidad de vida o sus economías familiares, por lo que los excluye y los deja a merced de sistemas informales de transporte que son menos seguros.

“Hay un montón de desafíos de movilidad que están asociados a calidad de vida, a las oportunidades laborales y a la integración”, concluye Landon, quien busca levantar propuestas específicas de políticas publicas a través de su investigación.

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Paulette Landon
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